Manifiesto Día Internacional de la Mujer

Las mujeres de todos los continentes, separadas por territorios, diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar el Día internacional de la Mujer, hundiendo sus raíces en su lucha de siglos por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre.

Tan vieja como la historia, la lucha feminista en su recorrido nos deja un día simbólico que no es si no se acompaña de los 364 siguientes. Desde principios del siglo XIX, con el día Nacional de la mujer en EE.UU hasta la Primera Celebración Internacional del Día 8 de marzo de 1975 establecido por Asamblea General de las Naciones Unidas y dando continuidad hasta nuestros días, pasando por el 8 de marzo de 2018, como hito histórico ante una movilización sin precedentes y una primera huelga internacional, y a pesar de los obstáculos que hacen frenar y retroceder en derechos la lucha por la Igualdad, este día simboliza el reconocimiento universal de los derechos sin distinción entre hombres y mujeres y la lucha de la humanidad por la igualdad efectiva, así como la reivindicación de las necesidades de actuación de gobiernos y estados para la consecución de la misma.

El colegio de Abogados de Cáceres, y con él la Comisión de Igualdad y Contra la Violencia de género, se une a la celebración de este día en la convicción de que la firme defensa y acción real por la igualdad entre mujeres y hombres, los derechos humanos y la justicia social, constituyen los pilares imprescindibles hacia una adecuada humanidad y hacia una verdadera sociedad democrática.

Vivimos un momento crucial en la lucha por la igualdad. Es el momento imparable de la visibilización de las desigualdades, desigualdades históricas y estructurales que han venido oprimiendo, discriminando y sometiendo a la mujer. La globalización acerca y une a mujeres y la sororidad fortalece y se extiende entre las mujeres del mundo a través de cualquier medio. Los platós, los actos culturales, sociales, institucionales, las redes sociales, los hogares, los trabajos y la calle se han convertido al grito único del “A mí también” o “Del basta ya”. El movimiento es imparable y esperanzador en busca de un cambio estructural hacia una sociedad que condene y combata cualquier discriminación por razón de género y con ella cualquier tipo de violencia hacía la mujer.

La discriminación por motivo de sexo está prohibida en casi todos los tratados de derechos humanos, lo que abarca también el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Aun así, más de mil millones de mujeres en todo el mundo carecen de protección jurídica frente a la violencia sexual. La violencia de género afecta por lo menos al 30% de las mujeres del mundo. A las mujeres se les sigue negando sus derechos a la salud sexual y reproductiva y millones de niñas son mutiladas genitalmente.

Los conflictos bélicos y las situaciones de inestabilidad política y social durante y con posterioridad a los mismos agravan la discriminación contra las niñas y las mujeres, y aumentan la vulneración de sus derechos humanos. La mujer es utilizada como táctica de guerra y se incrementa su explotación con fines sexuales económicos y militares.

La sociedad sigue siendo fuertemente heterosexista, basándose en un sistema represivo o no integrador de otras formas de sexualidad e identidad sexual. El lesbianismo sufre una doble discriminación con la invisibilización dentro del colectivo gay, en el marco de una cultura patriarcal.

La desigualdad salarial por razón de género en el mundo es del 23 % y alcanza el 40 % en las zonas rurales, y el trabajo no remunerado que realizan muchas mujeres pasa desapercibido. Encuentran obstáculos para conseguir trabajos dignos y enfrentan discriminación laboral y brechas salariales de género. La discriminación económica y social se traduce en opciones vitales más reducidas y más pobres para ellas, lo que las hace especialmente vulnerables.

A menudo, no pueden acceder a la educación básica y a la atención médica.

La representación media de la mujer en los parlamentos nacionales sigue siendo inferior a una cuarta parte y en los consejos de administración es aún menor. Las defensoras de los derechos humanos continúan siendo perseguidas o relegadas.

Existen normas y políticas que prohíben o impiden a las mujeres el acceso a la tierra, la propiedad y la vivienda, en términos de igualdad.

La discriminación en materia de derechos económicos y sociales es un factor decisivo para que las mujeres y niñas con opciones vitales más pobres y reducidas sean más vulnerables a ser objeto de tráfico, de trata de personas.

Algunos colectivos de mujeres deben soportar modalidades múltiples de discriminación por distintos factores como la edad, la etnia, la discapacidad o la condición socioeconómica, vivir con el VIH/SIDA, orientación sexual o la identidad sexual.

En las cárceles entran a cumplir condenas pensadas y diseñadas para hombres; y en prisiones diseñadas para hombres, ocupan espacios segregados y disponen de menos recursos, prestaciones y oportunidades. Es habitual el incumplimiento del principio de separación interna, y la vida penitenciaria reproduce las desigualdades de género.

Las utilizaciones de algunos estereotipos nocivos de género generan violaciones de los derechos y las libertades fundamentales. Así la violación marital, basada en el concepto social de que la mujer es la propiedad sexual del hombre.

En las sociedades avanzadas, en nuestro país, en nuestro entorno, a menudo las desigualdades se camuflan detrás del avance en la lucha y bajo un falso espejismo niegan y limitan derechos. Los debates sobre desigualdad de género (corresponsabilidad y cuidados familiares, brecha salarial y de pensiones, discriminación laboral, techo de cristal, acoso, violencia sexual, violencia de género, estereotipos de géneros, políticas de discriminación positiva, pactos de estado, aplicación de normas con perspectivas de género, entre otros) ponen sobre la mesa las alertas que exigen acciones efectivas y un progreso que no se puede ver replegado por frenos partidistas. Los logros conseguidos no pueden servir de escudo a la desigualdad.

Para garantizar de manera eficaz los derechos humanos de las mujeres es preciso, en primer lugar, una comprensión exhaustiva de las estructuras sociales y las relaciones de poder que condicionan no sólo las leyes y las políticas, sino también la economía, la dinámica social y la vida familiar y comunitaria. Es preciso desactivar los nocivos estereotipos de género y propiciar una transformación estructural donde el empoderamiento de la mujer y su acceso igualitario a las instituciones y roles sean el garante de una sociedad construida por y para mujeres y hombres.

Desde el Colegio de abogados apoyamos y participamos de la lucha de las mujeres, de ésta que es nuestra lucha, para superar las injusticias referidas que padecen las mujeres (rurales, urbanas, refugiadas, de distintas etnias, edades, mujeres que sufren múltiples tipos de discriminación: viudas, indígenas, con discapacidad y lesbianas, bisexuales, transexuales, cualquier mujer por el hecho de serlo) poniendo a disposición nuestra profesión como instrumento esencial de la misma.

Y así, nos comprometemos a trabajar en el cumplimiento efectivo de las leyes que garantizan a todas las personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por motivos sexo.

Y por las que iniciaron, por las que perecieron, por las que vivieron una vida que no les correspondía, por la dignidad de la mujer y por la dignidad del hombre nos mantendremos en la lucha mientras una sola mujer en cualquier lugar del mundo sea discriminada por serlo.

¡Que la ley sea siempre instrumento de justicia!

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